No queremos fabricarte etiquetas. Nos proponemos ser el mejor comercial de tu bodega. Ayudarte a que tu etiqueta transmita la esencia de tu vino y haga realidad la idea de la persona tan creativa que la diseñó. Hacemos equipo contigo para obtener los mejores resultados.
Somos especialistas en etiquetas autoadhesivas, pero también fabricamos etiquetas encolables y materiales de papelería.

Nuestro papel
Nuestro papel no es el Tintoretto, ni el Velvet, ni el Sabrage. Nuestro papel es ayudarte a elegir el papel que tu etiqueta necesita. Tal vez uno perlado. O uno gofrado. O mejor, uno algodonado. O, incluso, aterciopelado. Quizás necesites un papel negro azabache para tu vino de alta expresión. O, lo contrario, uno extrablanco o transparente que deje ver el color de tu vino blanco, o uno de estraza para transmitir la artesanía de tu producto. O, por qué no, un detalle en papel que recuerde el cerezo de tu viña o de tu barrica insertado en tu etiqueta o uno acorchado que evoque los alcornocales que están un poco más arriba de tu finca, en la montaña. O tal vez tu vino ecológico cierre el círculo con un papel 100% reciclado o que utilice fibras alternativas. Tú sólo sueña. No tienes por qué saber de papeles. Para eso estamos nosotros. Y para eso seleccionamos a los mejores fabricantes.

Acabados
Tú únicamente debes ocuparte de que se acaben las labores de la viña, los trabajos en la bodega y las botellas en las mesas. De los acabados de la etiqueta nos encargamos nosotros. Sabemos que igual que inviertes para tener las mejores uvas, las mejores barricas y los mejores corchos, haces lo mismo con la imagen de tu vino: tu botella, tu cápsula y, por supuesto, tu etiqueta para ofrecer tu mejor versión.
Pero todo cuenta y nosotros optimizamos tus recursos como si fueran nuestros, para que tú sólo te preocupes de lo importante, lo que te aporta valor con diferentes caminos, distintas técnicas, para conseguir el efecto que buscas.
Cuéntanos lo que necesitas
Colocar en tu etiqueta esa medalla de oro que conseguiste en Burdeos o insertar junto a las contraetiquetas la cintilla del Consejo Regulador, personalizar la etiqueta para un cliente, para un evento o, simplemente, poder reimprimir un pequeño cambio de añada, grado alcohólico o tipo de vino. O tal vez necesitas una tirada muy corta para ese vino personalizado o para tu importador. Tal vez aportar a ese restaurante que es tu mejor cliente un soporte de mesa reservada que ponga a tu vino sobre el mantel antes de que el sumiller saque tu botella. Y no te preocupes ni por las cantidades ni por la calidad y homogeneidad de impresión: desde una hasta los millones que necesites. Tus etiquetas harán un único viaje a lo largo de nuestro tren de impresión.
Un único viaje porque todos los procesos y acabados se realizan en una sola máquina, con la última tecnología europea. Eso garantiza que los ajustes sean perfectos. Y que ese punto diminuto que imaginaste en relieve piramidal y, a la vez, con ese brillo tan especial, sea una realidad, con una superposición milimétrica.
Con mucho arte, con mucho tacto
Dicen que el vino se disfruta con los cinco sentidos. Hay tres que son bien evidentes y que están en cada curso de cata: la vista, el olfato y el gusto. Pero para eso hay que descorchar la botella. Antes, en la decisión de compra, la vista ya ha intervenido: en el lineal del gran hipermercado o en la pequeña vinoteca. Y también en la conversación del sumiller del restaurante con el comercial de tu bodega. En Gráficos de Oyón, además de que la etiqueta entre por la vista, aspiramos a convertirla casi en una escultura, en una obra de arte. Y para ello le ponemos “mucho tacto”. Para que cuando cada uno de tus clientes pose sus dedos sobre tus etiquetas, sienta la arena bajo sus pies en una playa de las Rías Baixas, o la espuma de las olas del Atlántico, o cómo las nubes sobre Galicia acarician su cara. O vean y noten el brillo de la sal de las salinas que circundan tu parcela en Rioja, y el relieve de las motas que separan los cristalizadores. Y claro, que perciban el tacto terroso de los suelos arcillosos de tu viña. Queremos transportarles a Barcelona, al Parque Güel, y a las texturas de sus brillantes cerámicas. O si por tu vino ha pasado un ángel, que puedan sentir cada barbilla de su plumaje. Sentir el relieve del corquete o de la llave del calado que luce tu etiqueta. O cada filigrana que creó el maestro vidriero o el herrero que forjó la cancela que da acceso a tu bodega.