Hablar hoy de vino es hablar, inevitablemente, de sostenibilidad. No como un reclamo comercial, sino como una responsabilidad estructural del sector vitivinícola con el territorio, con los consumidores y con su propia viabilidad futura.
Las bodegas españolas llevan años avanzando en este camino. La adopción de modelos de viticultura sostenible —con la denominación que se le quiera dar: ecológica, biodinámica, regenerativa o de mínima intervención— es ya una realidad creciente. A ello se suma el trabajo en bodega: reducción del uso de productos químicos, optimización del consumo de agua y energía, implantación de energías renovables o mejora en la gestión de residuos.
Este esfuerzo no es una percepción: está medido. El reciente avance del Barómetro de Sostenibilidad del sector vitivinícola español, elaborado por Cajamar y la Federación Española del Vino (FEV), confirma una evolución positiva y cuantificable del sector .
Según este estudio, el 79 % de las bodegas analizadas ha reducido su huella de carbono en más de un 10 % respecto a su año base, y el 56 % ha disminuido su consumo de agua en más de un 20 %. Además, más del 80 % presenta avances significativos en producción de energías renovables y reducción de residuos de envase .
Del campo y la bodega… a la botella
Sin embargo, hay un punto clave en el que este compromiso puede perder coherencia si no se aborda de forma integral: el packaging.

La Organización Internacional de la Viña y el Vino (OIV) insiste desde hace años en que la sostenibilidad debe evaluarse a lo largo de toda la cadena de valor, incluyendo los materiales auxiliares y de presentación. En este contexto, la etiqueta deja de ser un simple soporte gráfico para convertirse en un elemento estratégico del relato sostenible del vino.
No tiene sentido —y el consumidor lo percibe— que un vino elaborado bajo criterios responsables se presente con materiales que no reflejan ese mismo compromiso.
La etiqueta como prueba de coherencia
El propio presidente de la FEV, Pedro Ferrer, subrayaba durante la presentación del Barómetro que las bodegas certificadas están demostrando que “el compromiso con la sostenibilidad es real y un camino de largo recorrido y mucho futuro” .
Ese camino exige coherencia entre lo que se hace y lo que se comunica. Y la etiqueta es, en muchos casos, el primer punto de contacto con el consumidor.
Diversos estudios académicos en marketing del vino coinciden en que la credibilidad del mensaje sostenible depende de la alineación entre el producto y su envase. Cuando esa coherencia existe, se refuerza la percepción de calidad, autenticidad y confianza.
Papeles y materiales que también suman
En Gráficos de Oyón trabajamos desde hace años con bodegas y diseñadores para trasladar la sostenibilidad al terreno de lo tangible: el papel, el adhesivo y el soporte técnico de la etiqueta.
Entre las soluciones con mayor respaldo técnico y demanda creciente destacan:
Papeles reciclados y certificados
El uso de papeles reciclados permite reducir el consumo de materias primas y energía frente a papeles fabricados exclusivamente con fibra virgen. Cuando además cuentan con certificaciones como FSC® o PEFC, se garantiza que la fibra procede de fuentes gestionadas de forma responsable, auditadas por terceros independientes.

Papeles con fibras alternativas
Existen papeles para etiquetas fabricados con fibras alternativas —como algodón reciclado u otros subproductos vegetales— que permiten valorizar residuos y reducir la presión sobre los recursos forestales. Estos papeles aportan, además, una identidad sensorial muy alineada con vinos de perfil artesanal, ecológico o de mínima intervención.
Soportes reciclados: PET y glassine
La sostenibilidad no termina en el papel visible. Hoy es posible trabajar con soportes autoadhesivos reciclados, tanto en PET como en glassine reciclado, un aspecto cada vez más valorado en auditorías ambientales y certificaciones. Integrar estos materiales permite reducir el impacto global de la etiqueta sin renunciar a prestaciones técnicas ni a calidad de impresión.

Medir, comunicar y decidir con rigor
Uno de los mensajes más relevantes del Barómetro Cajamar–FEV es la importancia de medir para mejorar. Tal y como señala Ignacio Atance, director del Servicio de Estudios de la Fundación Grupo Cajamar, “lo que no se puede medir no se puede mejorar”, y contar con indicadores objetivos permite comunicar avances con credibilidad .
Ese mismo principio debe aplicarse al packaging. Elegir una etiqueta sostenible no es una cuestión estética ni ideológica, sino una decisión técnica, medible y coherente con la estrategia global de la bodega.
Nuestro papel: acompañar con conocimiento
En Gráficos de Oyón entendemos la sostenibilidad como un proceso de acompañamiento, no como una solución estándar. Analizamos cada proyecto, cada vino y cada posicionamiento para proponer la opción de etiqueta más adecuada, equilibrando diseño, rendimiento técnico y reducción de impacto ambiental.
Porque hoy, más que nunca, la sostenibilidad empieza en el viñedo, se consolida en la bodega… y también se imprime en la etiqueta.

